El agua prisionera VIP del sistema

OPINIÓN 10 de enero de 2022 Por Felipe Hipólito Medina (*)
Hacer teología del agua, es ponerse en los ojos de Dios y en su pensamiento para mirar el mundo y especialmente uno de los elementos fundamentales de la creación. Y es ponerse también en los ojos del hombre que mira y se vincula con el universo-
gente que vive sin agua potable

El agua fue el reclamo más fuerte de fin de año en Salta y en varios lugares del país. Según los estudiosos el Valle de Lerma es  similar al de México DF,  asentado sobre un inmenso lago subterráneo y ríos que fluyen por toda su geografía. Salta no tiene problemas de agua, sino de infraestructura. El  reclamo estalló en toda la provincia, sobre todo en las comunidades originarias del norte, para quienes el agua no es un simple elemento de la naturaleza, es un miembro vivo y vivificante de la comunidad con entidad propia.  

El agua es una pobre rea de los hombres, apresada por unas pocas manos. "Las aguas están siendo tratadas como si fueran una mercancía negociable por las empresas, y un bien disputado por las grandes potencias, denunciando los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida, produciendo la eliminación de bosques, la contaminación del agua y convierten las zonas explotadas en un inmenso desierto" (Documento de Aparecida, 84).

El agua no era un tema gravitante dentro de los documentos eclesiásticos, hasta que se hizo presente como problemática en el documento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en la ciudad de Aparecida, Brasil, y luego de manera contundente, en  el documento Laudato Si del Papa Francisco. Tal vez, suponiendo que siempre estuvo el agua disponible para los seres humanos, y mal pensando que era un recurso renovable,  el agua dulce no representaba ninguna conflictividad para el mundo en el pasado reciente. La rutina de su presencia nos hizo olvidar la fuerza vital que tiene el agua para la humanidad y para toda la creación. 

Recorriendo el mundo bíblico y las doctrinas de otras religiones, incluyendo la visión de las comunidades originarias de América Latina, concluiremos que el agua es uno de los elementos vitales y esenciales de nuestro mundo.  

Siguiendo los textos bíblicos y las tradiciones de las grandes religiones del libro y de otras culturas, algunas muy cercanas, advertimos esta conflictividad entre el hombre y el agua, el hombre y la tierra; un conflicto entendible desde el caos producido por la culpa original, que rompe de modo contundente la armonía de la creación, armonía que, para los cristianos, vino a ser restaurada por Jesucristo. La revelación, a través de los textos bíblicos en el Antiguo y Nuevo Testamento, y en el contexto de la tradición de la iglesia, nos permite reflexionar sobre el agua como derecho humano y su esencial ligazón con la vida, no sólo humana, sino de todo el universo. 

Una hermenéutica bíblica sobre el agua, exige sumergirse en las escrituras santas y para que el agua no se transforme en un simple tema debemos sentir necesidad de ella, tener sed, experimentar esa sensación de sequedad en el cuerpo y en el interior de nuestra mente y nuestro corazón.  Buscar “como  la cierva sedienta, las corrientes de agua” (Salmo 41, 2) El texto del profeta Eliseo, en el Segundo libro de los Reyes,  muestra que para emplazar una ciudad no sólo debe haber buena tierra, sino agua buena, pues el agua mala no deja parir a la tierra ningún fruto. Sin agua la tierra es estéril y sin frutos. Sin agua no hay vida posible para el hombre. Se puede decir que la región o tierra que se le presenta al profeta es buena, es estratégicamente buena, pero si el agua no es saludable, dificulta la prosperidad del reino, de sus animales y de su gente. Así estaban determinadas las normas de ese tiempo para erigir las ciudades. Podemos observar que en América Latina y en casi todo el mundo las ciudades se erigían a la vera del rio de  agua pura o potable. San Miguel de Tucumán, fue fundada en zonas de aguas malas, había pantanos que generaban invasiones de mosquitos transmisores de enfermedades y fue trasladada en una segunda fundación al lugar llamado la Toma.  La primera y la última página de la Biblia ponen el agua como elemento dominante. Es como si quisieran decirnos que toda la historia de la tierra, desde su comienzo hasta el final está regida por la criatura agua.

Las significaciones simbólicas del agua en las diferentes religiones pueden reducirse a tres temas dominantes: fuente de vida, medio de purificación y centro de regeneración.  Estos tres temas se hayan presente en las tradiciones más antiguas y forman las combinaciones imaginarias más variadas, al mismo tiempo, las más coherentes. El agua es la materia prima, para las antiguas religiones asiáticas, como dicen los textos hindúes “las aguas vastas no tenían orilla” y dice el texto taoísta Brahmanda, el huevo del mundo se incuba en la superficie de las aguas. Para los chinos el agua es Wu-ki,  lo que no tiene cumbre, el caos inicial, la indistinción primera. Es el origen y vehículo de toda vida, la savia es el agua y, en ciertas alegorías tántricas, el agua representa al soplo vital. Es el símbolo de la fertilidad y la fecundidad. 

En las tradiciones judías y cristianas el agua simboliza ante todo el origen de la creación. Para los hebreos el agua es madre y matriz, es la fuente de todas las cosas, y manifiesta lo trascendente. Para el Islam el agua simboliza la bendición divina y el Paraíso está lleno de arroyos y fuentes de agua viva  (Corán, 2, 25; 88,12), el hombre mismo ha sido creado de un agua fluente (Corán, 18,45) El Señor del Sumalao es el Dios del agua fecundante, sobre todo, en un lugar de cultivo y crianza de animales, donde el agua, en las épocas invernales es escasa, ya que la fuente de abastecimiento son los ríos que dependen de las lluvias de verano, y por sus pendientes sufren un rápido escurrimiento del elemento líquido. Para los cristianos el agua es el elemento que transmite la vida nueva de la gracia en el bautismo. 

En la cosmovisión andina, el agua es un ser vivo, no un simple elemento del cosmos o un recurso de la naturaleza. Es un integrante del ayllu (la comunidad)  en los rituales. Es la sangre de los cerros y la leche de la Pachamama que amamanta a sus hijos, la familia humana, la naturaleza y las deidades. Para un miembro de las comunidades altiplánicas, el agua es un elemento vital sin el cual no habría vida vegetal, animal ni humana. 

La Santa Sede viene planteando en diversos foros el problema del agua, un recurso no renovable y un derecho natural para todos, cuyo responsable de proveer y custodiar es el Estado, así como debe ser para la salud y para la educación. Sólo en Kyoto, en el Foro sobre el Agua en el Mundo en el año 2003,  el Vaticano reiteró y elaboró su fuerte apoyo por el derecho al agua. La provisión de este bien no puede dejarse a merced de las fuerzas del mercado.  

Comprar un litro de agua envasada en nuestra ciudad es igual o un poco más caro que un litro de combustible. Y en esta situación de apropiación del líquido elemento, los más afectados son los pobres que deben pagar por ella, o resignarse a beberla sin la debida pureza o la sanidad que les corresponde.  Cuando la gente clama por agua no es un reclamo más o una simple protesta, está reclamando un derecho humano fundamental  de un elemento que debería ser de libre acceso para todos, y el estado es el principal responsable, junto a las instituciones sociales o intermedias, que la frescura del agua sana no quede presa de un sistema egoísta y ocioso. 

(*) Licenciado en Cs. Religiosas

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