
Familias endeudadas: un drama social al borde de estallar
El Banco Central dice que la morosidad en la Argentina está en cifras récord: que los pagos atrasados en tarjetas de crédito y préstamos personales llegaron a 11,7 y 14,2% del total respectivamente en marzo. Un reporte de la Cámara Argentina Fintech muestra que la morosidad en préstamos de billeteras virtuales superó el 30 por ciento. Otro, de JP Morgan, refleja que los atrasos en pagos de más de 90 días escalaron al 8,7% en créditos de Mercado Pago: un año antes estaban en el 1,8 por ciento.
Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advierte que la irregularidad bancaria en créditos a familias se cuadruplicó en un año y que ya son más de 6 millones los adultos con dificultades para pagar sus créditos, préstamos y tarjetas. Pero detrás de los números están las historias y los pesares invisibilizados por el Gobierno que solo habla de una «macro» cada vez más ficcional.
Dice el refrán que mal de muchos, consuelo de tontos. El dato de que deudas millonarias afectan a millones de personas desdibuja el impacto concreto que tiene el aumento de la morosidad en la vida cotidiana de los hogares. Cuando lo que empieza con el pedido de un extra para llegar a fin de mes crece hasta convertirse en una rueda que aplasta solo a fuerza de intereses, el endeudamiento penetra en la lógica familiar y la resquebraja. Como les pasó a Paola Relea y Vanina Lescano.

Derrumbados
El informe de Estudios Económicos Banco Provincia resume que el aumento de la irregularidad de la cartera de las familias no se explica por malas decisiones individuales, sino como un resultado de la dinámica macro: «menos poder de compra, menos puestos de trabajo y más desempleo traen más problemas para repagar deudas”.
Según ese reporte, 4 de cada 10 jóvenes de hasta 25 años que tomó un crédito bancario y no bancario tiene problemas para repagarlo. Su morosidad más que duplica a la media de la sociedad. Se trata del grupo etario con mayor aumento del desempleo en el último tiempo. La tasa de desocupación creció 3,7 puntos porcentuales entre varones menores a 24 años, llegando a 16,2% en el cuarto trimestre de 2025, y 3 puntos en las mujeres (16,8%).
Fernando Pérez tiene 58 años y sacó su primer préstamo en 2025. Le pidió tres millones de pesos a su banco, porque no llegaba a fin de mes. Lo usó para compras de supermercado. Paga 300 mil pesos por mes para devolverlo con intereses. Hace tres meses, el cuadro se agravó: perdió el empleo que tenía desde hacía 21 años en una pyme. La indemnización se está yendo en devolver el préstamo y comer. “Espero que salga algún trabajo. Soy de los que hace cuatro o cinco cuadras de fila cuando hay un puesto, y me la paso mandando currículums. Pero a mi edad es difícil”, suelta. De sus ingresos dependen su esposa y su hijo con discapacidad.
En otros casos, el endeudamiento crece aún sin pérdida de empleo. Cuando una situación inesperada obliga a gastos que hacen colapsar presupuestos sin margen. Como le pasó a Gerardo Subero. Cumplió 40 años el día después del derrumbe en el complejo Estación Buenos Aires, en Parque Patricios. Al drama se sumaron las deudas.
“La situación ya venía compleja. Nos daba cierta estabilidad estar pagando un crédito bajo. Pero todo se complicó. Para cuidar nuestra salud mental, sobre todo la de mi nene de siete años y por recomendación de su psicóloga, buscamos otro departamento para alquilar. Ahí nos empezamos a endeudar con la tarjeta”, relata. También le pidió prestado a un familiar, y va devolviendo de a poco. En otros casos el círculo vicioso supera la línea de familiares y amigos y caen en prestamistas.
Gerardo es empleado de comercio con 20 años de antigüedad. Gana menos de un millón y medio de pesos. Paga 850 mil entre alquiler y expensas. Antes complementaba sus ingresos con viajes para plataformas los fines de semana, pero su auto quedó sepultado por el derrumbe. Su compañera tiene un local de manicuría: “Mantiene su clientela, pero bajó mucho. Con la gente que hablo, está complicada. Se perdió mucho poder adquisitivo, mucha gente quedándose sin trabajo. Quien antes tenía un manguito, ya no. Quien antes se hacía las uñas con mi señora, hoy no. Nos vamos perjudicando todos”.
Paola, Vanina, Fernando y Gerardo son parte de las 6 millones de personas con problemas de endeudamiento hoy en Argentina. Ellas y ellos aceptaron contar sus historias para visibilizar la situación. Otros tantos prefieren reserva. Como si cargar con el peso de un modelo que endeuda se transfomara, encima, en una cuestión vergonzante. «


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