
Agrupación Defensores del Charango contra Pichetto, sus barcos y sus muros
No es para tomarlo en serio que nos ocupamos de él, sino porque es evidente que el episodio revuelve nuestros orgullos, nuestras identidades, nuestras conciencias… Si hasta nos dan ganas de agarrarlo a charangazos, pero mejor ponerse a pensar:
El porteñocentrismo nos asombra de vez en cuando, pero sucede todo el tiempo. Estos episodios nos permiten percibir aquello que tenemos normalizado, notar lo que Gramsci llamaría el agua en que nadamos, el sentido común dominante. Nos percatamos, por un momento, que somos despreciados por los actores del show central de la argentinidad.
Macri dijo la tontera de que venimos de los barcos. Alberto también. No es infrecuente en nuestras capas medias cierta altanería eurodescendiente, considerado eso como una distinción de la Argentina en medio de la bárbara Indoamérica. Y es el caso que toda esta fuerza ideológica racista recae sobre nuestro Norte.
Los del centro del país piensan que los del Norte somos bolivianos, o indios. Los tucumanos piensan que sólo los salteños y los jujeños. Y los jujeños, pobrecitos, no tienen a quién discriminar y entonces se discriminan fuerte para adentro. Y todos con ganas de meter muros.

Quién lo dijera… con lo fácil que es imaginar un charango ser punteado en la noche taciturna de los campamentos de Belgrano, tanto en la marcha gloriosa de Tucumán y Salta, como en las desasosegadas jornadas que habrán sucedido a Ayohuma, de guerreros que plañirían con charangos el dolor de la frontera que se cavaba a sus espaldas como una cicatriz.
De vientos y cuerdas andinas habrá estado musicalizada la vida de nuestra trágica Juana Azurduy, a quien la barbarie porteña mira con cara de “volvete a tu país”. No saben los pichetos que no bajamos de los barcos. El que se siente argentino, siente dentro de sí la memoria de héroes y mártires de nuestras luchas por la independencia.
Porque esta tierra que pisamos dio los centauros morenos e indios para que la patria fuera. Y sólo después de que firmásemos en Tucumán con esa sangre nuestra independencia, y la jurásemos en quechua, en aymara y en castellano, sólo después, es que bajaron de los barcos los pichetos a ver qué ondi.
Entonces, NO, los argentinos no "nos hacemos cargo de los pobres de Latinoamérica", somos pobres de Latinoamérica. En todo caso, con la generosidad de esta nueva y gloriosa nación, nos hicimos cargo de los pobres de Europa que bajaron de los barcos.
En conclusión, los argentinos somos orgullosamente indios, criollos e inmigrantes. Lo que no nos enorgullece son los pichetos.


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