El policía tenía que cuidarla, pero la terminó violando: le dieron 14 años de cárcel

JUDICIALES 15 de junio de 2022
Ocurrió en la comisaría Séptima, cuando por una desavenencia familiar, la menor víctima de esta terrible historia, quedó en la vereda de su casa acompañada por un amigo. Llamó a su abuela, quien le dijo que para mayor seguridad la esperara en la mencionada seccional del barrio.
seccional septima de salta

Hasta allí fue sin saber que se iba a encontrar con su abusador, quien no olvidará más aquel 20 de setiembre cuando al verse solo con la menor de 14 años, se sintió con el poder para hacer lo que quisiera con la adolescente. Pedro Sergio Daniel Córdoba deberá 14 años en prisión, por haber abusado sexualmente de la menor. Así lo determinó este miércoles el juez Javier Francisco Araníbar, vocal de la Salta I, del Tribunal de Juicio. La pena por abuso sexual con acceso carnal se agravó porque además el violador es personal de la fuerza policial y abusó mientras estaba en funciones.

No fue fácil para la menor víctima, pero pese al momento que pasaba se percató de usar lo último que le quedaba de batería en el celular para grabar la vos de su abusar y de enviársela a un amigo. Y fue por su mamá que dos o tres días después terminó presentando la denuncia, porque su abuela, que responde a mandatos sociales de otros tiempos, le había aconsejado que “no dijera nada, para no pasar vergüenza”. Pero su mamá no pensó lo mismo y la acompañó a realizar las presentaciones correspondientes que dos años después terminan con esta condena ejemplar para un policía que pensó que el uniforme le dabas poderes ilimitados sobre una ciudadana indefensa.

Todo comenzó el día 20 de setiembre de 2020, que la menor se encontraba en la casa de su abuela paterna, con un amigo, jugando un juego de mesa. A esos de las 20 horas, llegó su padre y le reclamó por qué había hecho entrar al amigo. Poco después llegaron dos policías, al parecer alertados por su papá, pero al ver que el muchacho era conocido suyo, los oficiales se dispusieron a retirarse, pero entonces su padre quiso pegarle y ella salió afuera a pedir ayuda a los policías. Pero lejos de calmarse, el padre se molestó tanto que decidió subirse a su auto y retirarse del lugar, dejando a su hija en la calle con el amigo y los dos policías.

Los policías le dijeron que no podían dejarla sola porque era menor de edad. Ella decidió llamar a su abuela materna, quien le respondió que pasaría a buscarla por la Comisaría Séptima, que la espere ahí. Los dos oficiales la trasladaron a la dependencia, donde se encontraba el tal Córdoba. Como los efectivos tenían que seguir patrullando, le dejaron a la menor para que la cuidara hasta que llegara la abuela.

Apenas le pidió que se sentara, este mal policía comenzó a demostrarle que no tenía buenas intenciones. Con lascivia comenzó a mirarle insistentemente las piernas que la pollera de jean no lograba cubrir. Ahí nomás sin mayores trámites y aprovechando el poco movimiento de esa noche en la seccional, llevó a la menor a una habitación ubicada al fondo de la comisaría. Ahí comenzó a manosearla con violencia y apuro, por si llegara alguien. La chica recordó ante el fiscal, que ella estaba inmóvil, con miedo, pero aprovechando que el policía de a ratos miraba hacia la calle por una ventana, sacó su celular y lo puso en modo grabar, y empezó a conversarle ¿Por qué me haces esto? Mirá si entra alguien, ahí creo que viene alguien Hasta que logró que el sinvergüenza hablara, y le compartió el audio a un amigo como prueba de lo que le estaba pasando. Luego, como si nada, el policía Córdoba la sacó para la oficina de adelante para esperar a que llegue la abuela. Mientras se dirigían a casa, la menor le contó lo que le había pasado, pero la mujer le sugirió que guardara silencio para no pasar vergüenza. A los dos o tres días decidió hablar con su madre, quien radicó la denuncia.

El miércoles, el juez Javier Francisco Aranibar, vocal de la Sala I del Tribunal de Juicio, ordenó que el condenado continúe alojado en la cárcel penitenciaria local. Dispuso además que sea examinado por un médico del Poder Judicial para la obtención de sus señas particulares y que, a través del CIF, se le extraigan muestras de ADN para su inscripción en el Registro nacional y provincial de condenados vinculados a delitos contra las personas y contra la integridad sexual.

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