"Cocó" Varela fue electa presidenta del PRO Salta con un apabullante triunfo de más del 72 % de los votos
La normalización del PRO en Salta, después de seis largos años de intervención, cierra un capítulo y abre otro, quizás más complejo, para el partido que lidera Mauricio Macri a nivel nacional. María Eugenia "Cocó" Varela se consagró presidenta provincial al frente de la Lista A "Unión Republicana", pero el triunfo llegó con un ruido de fondo que ningún análisis serio puede ignorar: la denuncia de la lista opositora sobre un uso desmedido del aparato oficialista y la influencia del gobierno provincial en el interior.
Varela llega con un relato de construcción territorial que nació en Rosario de la Frontera y se expandió hacia los departamentos, un mérito que no es menor en una provincia donde la capilaridad política suele decidir las elecciones. Su desafío inmediato será demostrar que esa estructura no es apenas un andamiaje clientelar, sino una herramienta capaz de generar representación federal genuina. La pregunta que flota en el aire es si el PRO salteño podrá convertirse en un espacio de gravitación propia o si quedará subordinado a los acuerdos de poder que denuncia la lista perdedora.
Cocó Varela recibió apoyo del círculo de poder macrista: María Eugenia Vidal, ex gobernadora de la Provincia de Buenos Aires; la ex presidenta Gabriela Michetti, y el ex ministro Guillermo Dietrich, entre otros, que le dio relevancia en la votación, según el resultado electoral conocido en la noche del domingo 21 de junio.
Por su parte, la Lista B "Unidad" —encabezada por Lorenzo Carrizo, María Victoria Val y Mauricio Jovanovics— no solo reconoció la derrota, sino que la leyó como una victoria moral. Su discurso, cargado de un tono casi épico, pone el acento en la Capital como bastión de una "verdadera alternativa de cambio" y denuncia con crudeza lo que consideran una competencia viciada. Este sector no se va a disolver; por el contrario, se perfila como la resistencia interna que puede fiscalizar cada paso de la nueva conducción.
El dato político más relevante, quizás, es que esta interna expone las dos almas del PRO en Salta: una que apuesta a la integración pragmática con las estructuras de poder locales, y otra que reclama una identidad más independiente y renovadora. Macri, que observa desde Buenos Aires con la mirada puesta en el 2027, cómo inicia la reconstrucción de su partido que "el mismo decidió destruir cuando se alió a la extrema derecha de Milei", según el ex embajador Dego Guelar. Y con respecto a Salta, en donde en este trayecto de convivencia libertaria, perdió varios jugadores que migraron a La Libertad Avanza o crearon nuevo partido, pero conserva una importante relación con el gobernador Gustavo Sáenz. Ahora, con este contundente resultado, el ingeniero, que anda de estreno de amor, deberá decidir si respalda sin fisuras a Varela o si permite que la interna se desarrolle como un termómetro de la salud democrática del partido.
Lo cierto es que la normalización no es un final, sino un punto de partida. Varela tiene la silla, pero Carrizo tiene el discurso de la pureza. Y en política, a veces, eso pesa más que el aparato. La crónica de esta normalización recién comienza, y el primer capítulo ya dejó heridas que tardarán en cicatrizar.