Fuego amigo: la feroz disputa entre Kicillof y La Cámpora quiebra al peronismo
En el epicentro de un agitado cónclave partidario celebrado en la provincia de Buenos Aires, la frágil tregua que sostenía al justicialismo terminó de resquebrajarse. Mientras las bases militantes exigían fervorosamente la libertad de Cristina Kirchner, el gobernador Axel Kicillof optó por evadir pronunciarse explícitamente sobre el asunto. Su escueta despedida al grito de "Viva Cristina" quedó rápidamente opacada bajo un coro de simpatizantes que vitoreaban un desafiante clamor: "Axel presidente". Este episodio cristalizó la profunda fractura que hoy atraviesa a la principal fuerza opositora.
La equidistancia del mandatario provincial desató la furia inmediata de La Cámpora, que juzgó totalmente insuficiente su actitud. Para el cristinismo ortodoxo, la única vía para destrabar el conflicto exige una cumbre privada en el Instituto Patria, donde se reconozca sin titubeos la conducción de la exmandataria. Como contrapartida, el círculo íntimo del gobernador lanzó un contundente contragolpe. Tildaron de "desesperada" a la agrupación ultra y advirtieron que esta embestida mediática termina perjudicando y desgastando el propio capital político de su figura central.
El campo de batalla se trasladó rápidamente a las redes sociales. Referentes como el senador Emmanuel González Santalla salieron en defensa irrestricta de la expresidenta, arremetiendo duramente contra quienes intentan erigir un armado político emancipado de su figura histórica. Estas constantes recriminaciones a cielo abierto no hicieron más que profundizar las dramáticas divisiones orgánicas del peronismo.
Lejos de retroceder en sus ambiciones, las usinas que respaldan al líder provincial aceleraron sus motores electorales. Alfiles de peso como Verónica Magario, Mario Secco y Estela Díaz impulsaron abiertamente su proyección hacia la Casa Rosada de cara a 2027. Frente a esta enorme ebullición interna, Kicillof intentó poner paños fríos aclarando que su exclusiva prioridad radica en gestionar eficientemente el territorio bonaerense y que no es tiempo de candidaturas, aunque la brutal disputa por el poder real ya domina por completo la agenda nacional.