
Messis íntimo: “Ni a mi hijo en los jueguitos lo dejo ganar”
No hubo luces cegadoras ni atriles. Tampoco traducción simultánea ni preguntas prefabricadas. Lionel Messi se sentó en un sillón —el mismo que tantas figuras ocuparon antes—, cruzó una pierna y dejó que la charla fluyera como un mate entre amigos. Estaba en Lo del Pollo, el programa de Joaquín “Pollo” Álvarez, un espacio que entiende que para que el mejor del mundo se saque la armadura, primero hay que guardar el micrófono de guerra.
Y Messi se abrió.
“Amo jugar a la pelota y lo voy a hacer hasta que no pueda más”, largó casi al arranque, como si esa frase lo definiera mejor que cualquier trofeo. Pero el rosarino no se quedó ahí. Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos sobre las rodillas y bajó el tono: “Me gusta ganar a todo. Ni a mi hijo en los jueguitos lo dejo ganar a veces”. Una confesión que dibujó una sonrisa cómplice en el conductor y una muecha incómoda en el propio Messi. Porque él sabe que esa voracidad, la misma que lo hizo campeón del mundo, también tiene un precio: “No sé perder. Es feo a veces, pero es lo que me llevó a ser quien soy”.
Pollo aprovechó el clima y metió el Mundial. Messi, sin esquivar, desplegó el mapa. Dijo que Francia “está muy bien otra vez, con muchísimos jugadores de un gran nivel”. Nombró a España, Brasil (“siempre candidata aunque hace un tiempito no está en su mejor momento”), Alemania, Inglaterra, Portugal. Y cerró con una frase que en cualquier otro sonaría a manual pero en él es advertencia: “Siempre aparece alguna sorpresa”.
¿Argentina? El capitán pidió calma, no euforia. “Hay que ilusionarse, como se ilusiona siempre el argentino, pero saber que por delante nuestro hay otros favoritos”. También respaldó a Scaloni sin vueltas: “Es el mejor para seguir el tiempo que quiera”. Y ahí, casi sin querer, soltó una mirada al futuro: “Va a ser difícil para el que venga. Somos un país que exige y que ante la mínima quiere cambiar todo”.
La conversación derivó hacia los nombres de siempre. Y Messi, por primera vez en mucho tiempo, habló de Cristiano Ronaldo sin el ruido de la prensa de por medio: “Nunca tuvimos relación porque nos cruzábamos poco. Una hermosa rivalidad deportiva. Siempre re bien”. De Neymar dijo que es “un amigo” y reveló que todavía mantiene contacto con él y con Luis Suárez.
Pero el momento más humano de la noche llegó con Franco Colapinto. Messi contó que el joven piloto fue a verlo al entrenamiento de Inter Miami, que se sacaron fotos con Rodrigo De Paul, que antes le había regalado un casco. El Pollo le preguntó si le daba consejos. Messi negó con la cabeza, un gesto seco, sincero: “No me gusta dar consejos. Él tiene que vivir su propia historia. Tiene que estar preparado porque cuando estás expuesto te viene de todos lados. Lo importante es saber quién está cuando la cosa va mal”.
El living volvió al silencio por un parpadeo. Messi se recostó en el sillón. Hablaron de Miami, del Inter, de cómo el club “necesitaba crecer mucho” cuando llegó. Pero la imagen que quedó flotando fue esa: el mejor jugador de la historia, sin necesidad de ganar nada aquella noche, diciendo dos veces durante la charla que va a jugar “hasta que no pueda más”.
No era una pose. Era una promesa.


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