Alivio en Latinoamérica: Con una remontada histórica, Lula venció a Bolsonaro y frenó el avande de la ultraderecha
La política sudamericana acaba de recibir una señal inequívoca. Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta en Brasil con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, en una remontada sin precedentes desde la redemocratización. Pero el dato electoral, por contundente que sea, es solo la superficie. En el fondo, lo que estaba en juego era un modelo de país: el de un Estado que garantiza derechos mínimos frente al de una máquina de ajuste que prometía pasar la motosierra por el gasto público sin demasiadas contemplaciones.
El bolsonarismo no ocultó sus planes. La campaña de Flávio, ungido por su padre condenado por golpismo, prometió un “tijeretazo” de 200.000 millones de reales en el presupuesto, equivalente al 3% del gasto estatal, con la desaparición de al menos diez ministerios y un achicamiento brutal de la maquinaria pública. La promesa de que el ajuste “no se haría a costas de los programas sociales” sonaba hueca: exactamente el mismo libreto que en Argentina aplica Javier Milei, donde el ajuste ya dejó 19.164 empresas cerradas y 276.624 empleos perdidos en dos años; y afecto a jubilados, discapacitados, la obra pública, menos la casta política.
Lula no ganó solo con la nostalgia del pasado. Ganó porque puso sobre la mesa el contraste. Durante la campaña, vinculó explícitamente a su adversario con la “motosierra” de Milei y advirtió que una victoria bolsonarista era un riesgo para la democracia y para la soberanía.
“Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”, dijo tras imponerse. La frase no era retórica: la administración Trump había desplegado funcionarios para intentar inclinar la balanza a favor del clan Bolsonaro, incluyendo sanciones contra un juez del Supremo Tribunal Federal.
El contraste con Argentina es inevitable. Mientras Milei celebra superávits fiscales construidos sobre el desmantelamiento del Estado y la caída del poder adquisitivo, el gobierno de Lula exhibe números distintos: 8,7 millones de brasileños salieron de la pobreza y 3,1 millones de la extrema pobreza entre 2022 y 2024. La renta per cápita de los más pobres creció un 13,2%. No es magia ni populismo: es una elección política sobre quién paga la cuenta.
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ASÍ FUE LA REMONTADA
Sao Paulo: Lula subió de 9.500.000 de votos a 12.100.000 en la 2da vuelta. +2,6 millones.
Río de Janeiro: de 3.700.000 a 4.600.000 en la 2da vuelta. +900 mil.
Río Grande do Sul: de 2.300.000 votos a 2.800.000 en 2da vuelta. +500 mil.
Minas Gerais: de 5.200.000 votos a 6.400.000 en 2da vuelta. + 1,2 millones.
Bahía: De 5.700.000 votos a 6.500.000. +800 mil.
Solo entre esos cinco estados, Lula cosechó 6 millones de votos más que en la primera vuelta. Directo a los libros de historia.
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Para Salta y el norte argentino, la noticia tiene un peso específico. La región observa con atención lo que ocurre en Brasil porque las decisiones macroeconómicas del gigante vecino repercuten directamente en el comercio, las exportaciones y el empleo. Un Brasil que se corre del ajuste salvaje y apuesta a la inversión social y al crecimiento con inclusión es un socio comercial distinto, y también un espejo incómodo para un gobierno argentino que sigue convencido de que la crueldad fiscal es una virtud.
Lula asumirá su cuarto mandato con 81 años y un Congreso más
escorado a la derecha. No será fácil. Pero el mensaje de las urnas fue claro: la sociedad brasileña, por un margen estrecho pero suficiente, decidió que el freno a la motosierra valía más que la promesa de un ajuste eterno. En tiempos de tanto cinismo económico, no es poco.