Salta vivió un impresionante eclipse: la Luna cubrió cerca del 40% del Sol
Allá arriba ocurrió algo extraordinario y, al mismo tiempo, completamente natural: la Tierra se interpuso entre el Sol y la Luna y proyectó su enorme sombra sobre el satélite.
No fue una Luna que desapareció por completo.
El espectáculo se vió verse desde toda la Argentina y, en el caso de Salta, las condiciones fueron especialmente favorables porque el eclipse completo se siguió desde el comienzo hasta el final.
El fenómeno comenzó a las 22:23 del jueves 27, cuando la Luna ingresó en la penumbra terrestre. Esta primera etapa fue muy sutil: el satélite comenzó a perder parte de su brillo.
Pero a las 23:33 comenzó la verdadera transformación. La Luna ingresaó en la llamada umbra, la zona más oscura de la sombra que proyecta la Tierra. Desde ese momento pudo verse cómo una especie de mordida negra comienza a avanzar lentamente sobre el disco lunar.
momento más impresionante llegó alrededor de la 1:12-1:13 de la madrugada del viernes 28. En Salta, la Luna estuvo muy alta en el cielo, cerca de los 74 grados sobre el horizonte, en dirección norte, una posición particularmente cómoda para observarla.
Para entonces, aproximadamente el 93% del diámetro de la Luna estuvo dentro de la sombra terrestre. En términos de superficie visible, alrededor del 96% quedó cubierto por la umbra. Por eso, aunque técnicamente se trata de un eclipse lunar parcial, visualmente estuvo muy cerca de la experiencia de contemplar una Luna completamente eclipsada.
La llamada “Luna de sangre” no es una denominación científica, pero describe bastante bien uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno. Cuando la Tierra bloquea la luz solar directa, no toda la luz desaparece. Una parte atraviesa la atmósfera terrestre, se desvía y alcanza la superficie lunar.
La atmósfera funciona, en cierta forma, como un enorme filtro. Los tonos azules se dispersan con mayor facilidad y predominan las longitudes de onda rojizas y anaranjadas. Es el mismo mecanismo que ayuda a explicar por qué los atardeceres pueden teñirse de rojo.
Así, durante el eclipse, la Tierra proyectó su sombra sobre la Luna, pero nuestra propia atmósfera fue la responsable de darle color.
El resultado puede ir desde un naranja suave hasta un rojo profundo, cobrizo o amarronado. Incluso el estado de la atmósfera puede influir en la tonalidad: partículas de polvo, humo, cenizas volcánicas, contaminación y humedad pueden modificar el aspecto final del satélite. Después del máximo comenzará lentamente el camino inverso.
Una cita con el cielo salteño
No hizo falta viajar demasiado lejos para verlo. Una terraza, un patio, un balcón, una plaza o cualquier espacio con el horizonte despejado pudo convertirse en un pequeño observatorio astronómico.
A diferencia de un eclipse solar, mirar un eclipse lunar directamente no representa ningún riesgo para los ojos. No hacen falta anteojos especiales ni filtros: simplemente habrá que levantar la mirada.
El eclipse llegó, además, apenas un par de semanas después del eclipse total de Sol del 12 de agosto, que convirtió al mes en uno de los períodos más interesantes del calendario astronómico de 2026. Ambos fenómenos forman parte de la misma temporada de eclipses.
Y aunque durante siglos los eclipses fueron interpretados como señales, presagios o mensajes sobrenaturales, hoy sabemos exactamente qué está ocurriendo. No hay misterio en la mecánica celeste: hay una alineación casi perfecta entre el Sol, la Tierra y la Luna.
Y mientras la Luna cambia lentamente de color, el cielo ofreció una escena que lleva millones de años repitiéndose y que, sin embargo, cada vez que sucede, vuelve a parecer nueva.