Cargnello: "La política no puede ser la prolongación disimulada del estado de guerra"

SALTA 16 de septiembre de 2022 Por Jesica Aparicio
Política, economía, grieta, guerra, dirigencia, planes sociales y aborto. La homilía del Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, durante la misa de renovación del Pacto de Fidelidad al Señor y la Virgen del Milagro y frente a miles de personas, estuvo cargado de críticas y análisis políticos y sociales. "Argentina profundiza un enfrentamiento peligroso que, suavizado bajo la palabra “grieta”, sólo alimenta los odios y rivalidades mientras esconde una lucha despiadada por conservar o alcanzar el poder creyendo que una sola persona o grupo tendría una especie de misión mesiánica capaz de construir el bien común", aseveró el monseñor.
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"Caminar juntos exige escuchar, discernir, actuar, evaluar. Dispuestos a celebrar el Pacto de Fidelidad que marca la cultura y la historia de esta Iglesia de Salta y de la provincia toda comprometámonos a vivir esta dimensión de caminantes en comunión, en nuestras familias, en nuestra sociedad toda. Comprometámonos, como cristianos a ser, en el seno de nuestra patria, levadura de fraternidad. Apostemos por una patria de hermanos", sostuvo Mario Antonio Cargnello en el marco de la homilía de la misa por el Pacto de Fidelidad al Señor y la Virgen del Milagro.

Su reflexión estuvo cargada de análisis políticos, sobre la situación actual del país y a nivel internacional, y en esta línea, los tiempos que vive el mundo contemporáneo. "La humanidad toda acusa el impacto de una pandemia que ha paralizado pueblos y naciones. Se cobró vidas, afectó economías, impactó en familias, hirió nuestras reservas psicológicas. Muchos creímos que la experiencia de nuestra fragilidad vulnerable y vulnerada nos ayudaría a madurar como familia humana. Los hechos nos dicen que no ocurrió lo que creímos. La guerra nacida de la invasión a Ucrania de parte de Rusia sumada a otros conflictos que llevan al Papa Francisco a afirmar que nos encontramos en una tercera guerra mundial pone en riesgo al mundo entero", expresó Cargnello.

Al respecto, aseveró que "en nuestra querida Argentina se profundiza un enfrentamiento peligroso que, suavizado bajo la palabra “grieta”, sólo alimenta los odios y rivalidades mientras esconde una lucha despiadada por conservar o alcanzar el poder creyendo que una sola persona o grupo tendría una especie de misión mesiánica capaz de construir el bien común de los argentinos". 

Para argumentar su lectura, el Arzobispo citó puntos centrales de la Doctrina Social de la Iglesia ya que "nos ayudan a reflexionar sobre nuestro aporte para avanzar desde este presente hacia un futuro mejor".  Primeramente, nombró "el respeto por la Constitución y la ley", para equilibrar el poder y el "Estado de derecho", en el cual debe ser soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres. En este marco, enfatizó: "La posibilidad de elegir y controlar a sus autoridades de parte de los ciudadanos y de sustituirlos de modo pacífico es lo que hace a la democracia apreciable a los ojos de la Iglesia. La política no puede ser la prolongación disimulada de un estado de guerra sino la superación de la misma en un clima de paz y de diálogo que se debe alimentar cada día sabiendo sacrificar egolatrías, mistificaciones, y soberbias absurdas".

En segundo lugar se refirió al "vínculo entre la democracia y la verdad como aseguro del respeto a la dignidad y a la libertad de los ciudadanos" y advirtió que “sólo es posible una auténtica democracia en un estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana" y que "de lo contrario una democracia sin principios se convierte en un totalitarismo, visible o encubierto". En este punto, hizo alusión al aborto legal, ya que remarcó: "La verdad sostiene la libertad que dignifica al hombre, por ello la falta de respeto a la verdad de la persona humana con leyes que destruyen la vida o la degradan, la instalación de la mentira para alcanzar el poder, denigra a los ciudadanos, destruye los vínculos, debilita el tejido social, oscurece el futuro. La mentira reina en la guerra, la verdad, sólo la verdad, sostiene la paz. Nuestra patria necesita que sus líderes le ayuden a descubrir y servir a la verdad".

En tercer término, mencionó "el papel del Estado en el sector de la economía", sobre lo que pidió garantizar "la libertad individual y la propiedad, además de un sistema monetario estable y servicios públicos eficientes". "Garantizar la seguridad jurídica es la primera incumbencia del Estado de manera que quien trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y pueda realizarlo con eficiencia y honestidad. Esto supone luchar contra la corrupción de los poderes públicos, contra el aumento de los negocios ilícitos, ilegales" y defendió "la cultura del trabajo honesto".

En este sentido, se refirió indirectamente a los planes sociales y subsidios, ya que aseguró que si bien "el Estado tiene derecho a intervenir cuando situaciones particulares frenen el desarrollo", pero observó que "las situaciones de excepción sean limitadas temporalmente". "Nuestra patria necesita recuperar el ánimo de todos los argentinos de buena voluntad que quieran dar lo mejor de sí para corresponder a tantos dones que el Señor Dios le ha dado hasta convertirla en la patria bendita del pan", sentenció. Además, citó al Papa Francisco que sostuvo: "Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo… la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”. En el cuarto punto, habló sobre "la amistad social" ya que "el enfrentamiento que fractura el tejido social de la Nación sólo puede ser vencido por un pacto de amistad y de fraternidad social".

Finalmente, Cargnello sentenció: "El Papa Francisco, por su parte, nos invita a favorecer la cultura del encuentro, que se alimenta con la amistad social. Esto supone establecer un pacto que implica aceptar la posibilidad de ceder algo por el bien común. Ninguno podrá tener toda la verdad ni satisfacer la totalidad de sus deseos… Una falsa tolerancia tiene que ceder paso al realismo dialogante… Es el auténtico reconocimiento del otro, que sólo el amor hace posible, y que significa colocarse en el lugar del otro para descubrir lo que hay de auténtico, o al menos de comprensible[10]. En ese espíritu Francisco nos invita a ser amables. Tengámoslo en cuenta" 

 

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