Terapia sobre celulares: Diputados piden leyes para resolver lo que no pueden controlar en casa
A veces los padres se cansan. Se cansan de decir "apagá eso", "dejá el teléfono", "ya comés con la pantalla". Se cansan de ver a sus hijos con el cuello torcido y el pulgar infinito. Y como no pueden obligarlos a salir al patio, hacen lo que cualquier padre argentino haría en su desesperación: pedirle al Congreso de la Nación que resuelva el problema.
Así nació el proyecto de declaración que ocupó buena parte de la octava sesión ordinaria de la Cámara Baja la noche del martes. Los diputados Guillermo Kripper, Nicolás Taibo y Omar Exeni, en una semana iluminada, idearon la solución para uno de los problemas de la actual vida cotidiana: los legisladores nacionales por Salta deberían impulsar una ley que prohíba o restrinja el acceso y uso de redes sociales y juegos en línea a los menores de 16 años. Además, quieren que el Ejecutivo provincial organice campañas de concientización para padres, madres y tutores. Porque, claro, si los chicos no pueden usar el celular, alguien tiene que explicarles a los grandes por qué.
El proyecto fue aprobado. Pero lo que realmente valió la pena fue el debate.
Scrolleando desde la cuna
Pero a poco de comenzar el debate, la diputada María Cayo tiró el tema en el recinto: "La culpa es de los padres". Y explicó, con una paciencia que debió haber ejercitado en casa, que el niño no nace con el celular en la mano ni con una cuenta de TikTok abierta. Son los padres, esos mismos que ahora firman proyectos para que el Congreso les haga el trabajo sucio, los que entregan el dispositivo sin control, sin horario, sin supervisión.
Dicho de otro modo: antes de pedirle al Estado que le ponga un candado al algoritmo, habría que pedirse cuentas a uno mismo. Pero eso, se sabe, duele más que el voto en contra.
La batalla de papá
A su turno, el diputado Patricio Peñalva se animó a la confesión pública. Tiene dos hijos, de 11 y 13 años. Y contó, con orgullo de militante, que ninguno de los dos tiene celular ni redes sociales. "Es una lucha diaria", admitió. "Pero la voy a dar hasta el último día por la salud mental de mis hijos".
Uno puede imaginar la escena: Peñalva llegando a su casa después de la sesión, abriendo la puerta, y sus dos hijos mirándolo con esa mezcla de lástima y desprecio que solo pueden tener los adolescentes a los que les prohibís lo que todos los demás tienen. "Pero papá, TODOS tienen Instagram". "No me importa", responde Peñalva, mientras escribe otro proyecto para que el Congreso le dé la razón.
Lo curioso
Los mismos legisladores que piden leyes nacionales para que los chicos no usen redes sociales son, en muchos casos, los que no pueden controlar a sus propios hijos en el living de su casa. Pero en lugar de asumir la derrota doméstica, la elevan a categoría de política pública.
Es más fácil pedirle al Congreso que prohíba que ponerse firme con el pibe.
El proyecto, además, tiene esa belleza abstracta que tanto gusta en la política argentina: les pide a otros (a los legisladores nacionales) que hagan algo (una ley) que probablemente nunca se va a tratar. Porque prohibirle a un adolescente de 15 años que use redes sociales es como prohibirle al río que corra. Pero bueno, la intención es lo que cuenta. O al menos eso dicen los padres cuando ya no saben qué inventar.
Mientras tanto…
Afuera del recinto, los adolescentes salteños siguen scrolleando (como varios legisladores en sus bancas). Los padres siguen entregando celulares a los 8 años porque "total, todos tienen". Y los legisladores nacionales, cuando les llegue el pedido, seguramente lo archivarán en alguna carpeta llamada "cosas que deberían resolver los padres".
Pero al menos, por una noche, los legisladores salteños se dedicaron a hacer terapia, poniéndole palabras a la angustia de una generación de adultos que creció sin redes y ahora no sabe cómo criar a hijos que nacieron con una pantalla bajo el brazo.
El proyecto se aprobó. Los autores, Kripper, Taibo y Exeni, sonrieron con la convicción del "deber cumplido". La diputada Cayo se fue a su casa con la tranquilidad de haber dicho la verdad. Y Peñalva, probablemente, volvió a pelear la cena sin celular.
La terapia de padres continúa. Y el Congreso, mientras tanto, no sabe que le acaban de encargar desde Salta la tarea más imposible desde la última reforma laboral.