Cacho Fontana, réquiem para la pregunta

NACIONALES 06 de julio de 2022 Por Carlos Alberto Torino
Murió Cacho Fontana. El locutor de Odol Pregunta y Fontana Show con dieciséis temporadas en el eter. El hombre que le puso voz e imagen a publicidades memorables como las lustradoras Yelmo o el licor Tres Cruces.
Cacho Fontana

El estilo inconfundible de Cacho Fontana remite a los anales de la época de oro de la radiofonía argentina. Aun si haber sido contemporáneo de esas publicidades o programas, la sola mención remite a una sola persona, que es sinónimo de locución y ese hombre es Norberto Palese, es decir Cacho Fontana.

Ayer murió a los 90 años. Un día después que falleció Liliana Caldini. La madre de sus hijas gemelas y con quién convivió doce años. Esa mujer que dijo, alguna vez despechada pero tan certera en su observación: Cacho cree que las vidrieras lo ven a él y no él a las vidrieras. Su relación había nacido tras un encuentro en Italia hasta dónde llegó una jovencita Liliana Caldini, recién consagrada cómo modelo publicitaria. La situación no sería asombrosa de no mediar de que él le llevaba 20 años a ella pero para tener un vínculo afectivo a la vista de todos tuvo que romper una convivencia con la cantante y actriz Beba Bidart. 

“ Cometo otras estupideces, como enamorarme” expresó cuando ya había sido absuelto de un proceso judicial de cuatro años, tras una denuncia de  malos tratos e invitación a las drogas que le hizo otra pareja: la periodista Marcela Tiraboschi, una secretaria de Gerardo Sofovich. Fue a principios de los 90 cuando sufrió este embate. No le salió gratis. Tuvo una hemiplejia que lo desmejoró en su salud. Para ese entonces, Fontana ya era una marca registrada pero empezaba a caer en el baúl de los recuerdos.

Es que los 80 lo marcaron al hijo del obrero ferroviario y la costurera de Barracas. Dos hechos lo enviaron a ese paraje llamado olvido. Esos lugares donde van los que fueron separados de los beneficios e impunidad que otorga el ser rico y famoso. 

Primero fueron las 24 horas por Malvinas. Un programa que se organizó para recaudar fondos para los soldados de Malvinas. Puso el cuerpo y la imagen junto a Pinky. Luego de la derrota militar, se supo que nada de lo que se hizo en el continente llegó a destino de los que estuvieron en el frente de batalla. Cacho, temeroso de quedar pegado, dijo infructuosamente que “fue un programa que mostró la capacidad de dar del argentino. Me apena que no haya salido como debía”. 

El segundo hecho que lo lanzó a las fauces del anonimato fue algo también imperdonable en el ambiente. Digamos hipócritamente no perdonable: la infidelidad con la mujer del amigo. Resulta que su gran compinche, Alberto Olmedo, no estaba pasando un buen momento con su compañera, Nancy Herrera. Según Cacho como “ no pudieron encontrarse en otro lugar, coincidimos en un mueble. Sentados frente a frente en una mesa y con un champán, ella me contó su problema con su pareja. Cuando salimos tenía a todos los fotógrafos. Me quise morir” contó lo increíble. Cómo nadie le creyó, se le cayeron desde amistades hasta contratos publicitarios. Sobrevivió gracias a la generosidad de amigos que le quedaron en el ambiente como Tito Lectoure y julio Marhabiz.

Pero anes de esto hubo un pasado que lo llevaron que hoy se lo reivindique: un sello inconfundible en la locución comercial y artística. 

Cacho Fontana nació el día que un compañero - de la empresa de transporte donde trabajaba siendo un adolescente- le dijo que le hiciera un reemplazo en la presentación de una orquesta. Entonces, encargó unas tarjetas con su nombre pero cuando la imprenta se las envió tenía el apellido cambiado. Ya no era Palese, era Fontana. Así quedó y fue locutor en Radio El Mundo dónde durante 16 años condujo el Fontana Show. Le puso la voz a las noches del cabaret Chantecler. 

Las mañanas en esa época era un horario marginal y fue Cacho Fontana quien la transformó para siempre. Antes aceptó el horario de 10 a 11  y solo pidió para sí mismo la responsabilidad artística y comercial. Por ese ciclo tuvo a Hugo Moser, Alberto Migre y Abel Santa Cruz como guionistas. Hizo entrevistas, dio el tiempo pero también le hacía al horóscopo y hablaba de actualidad. Todo en un mismo combo. Después de este modo de producir, las mañanas empezaron a tener a los periodistas reconocidos. 

Luego de esos buenos viejos tiempos, ya consagrado, Radio Rivadavia lo contrató y ahí trabajo con José María Muñoz y Enzo Ardigó. También fueron memorables sus coberturas como relatar las peleas de Nicolino Locche en Tokio y Ringo Bonavena en el Madison Square Garden. Entrevistó a Perón en el exilio en Puerta de Hierro ( Madrid) y cubrió en vivo la entrega del premio Nobel a Federico Leloir. Las necrológicas de todo el periodismo porteño que lo vivió de cerca remiten de que Cacho fue “ pionero en la forma de decir y precursor en la forma de contar”

Un pedazo de la patria comunicacional se fue a la eternidad pero ¡ con seguridad! La memoria lo ubicará en el centro del arte de comunicar.

 

 

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