Juzgan a los hermanos Thomas por violencia de género

JUDICIALES 20 de junio de 2019 Por
Juan Pablo, José María y Juan Luis Thomas, serán juzgados este viernes por violencia de género y lesiones, contra una mujer que es esposa de uno de ellos y trabajaba en el negocio familiar de calle Caseros. La víctima fue sometida a las bajezas machistas que su marido le hacía padecer hasta que logró escapar del infierno. Los hermanos también contribuyeron con golpes y hasta intentaron, por todos los medios que desista de la denuncia porque, según ellos, “los conoce todo Salta”.
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Comercio donde trabajaba y se produjo el hecho denunciado por la víctima.

En la Sala VII del Tribunal de Juicio a cargo de la Dra. María Livia Carabajal, se llevará a cabo el juicio contra Juan Pablo Thomas por el delito de lesiones agravadas por el género y relaciones de pareja previa y coacción. También estarán sentados en el banquillo de los acusados José María y Juan Luis Thomas, imputados por lesiones leves en perjuicio de una mujer que denunció a todos los hermanos. La audiencia comenzará a las 8.30 y se estima que después de la lectura de la requisitoria fiscal, la víctima cuente su padecer.

De acuerdo a lo que se pudo conocer, L.B.L. asegura que en el año 2008 conoció a Juan Pablo y estuvieron de novios un año y medio, hasta que se casaron felizmente en mayo de 2010. Ese mismo día comenzó una serie de situaciones que jamás podría haber imaginado. La mujer relata que estando en medio del casamiento, mientras los invitados brindaban,  le rompió todos los bafles, consola y luces  al dj, producto de su excesiva ingesta de alcohol. Ella, entre lágrimas, se tuvo que retirar al hogar que habían comprado para vivir en familia, mientras que si flamante esposo apareció recién a los dos días, aduciendo que no recordaba lo sucedido y prometiendo que no volvería a suceder.

La víctima continuó su relato diciendo que Juan Pablo le propuso que trabajen juntos en un negocio familiar que había heredado, y ella aceptó, pensando que la propuesta se debía a que quería que  pasemos "un tiempo juntos", cosa que jamás paso, porque su vida se resumió a largas noches dedicadas a la venta clandestina de bebidas alcohólicas, donde mientras trabajaba, el hombre consumía alcohol en exceso, tenía malas compañías con barrabravas de equipos de fútbol, dormía durante el día, y durante la tarde, pasaba horas en el gimnasio por su exgerada obsesión con su cuerpo.

“Comenzó a consumir anabólicos para ser el hombre más fuerte de Salta, me obligaba a que cuando llegaba cansado lo desvista y lo bañe, le corte las uñas y cuando le decía que era algo humillante, me contestaba que para eso era su mujer para servirlo y  hacer lo que él quisiera, que la mujer solo debía  limitarse a la cocina porque las que no lo hacían eran putas  y que él no iba a ser el marido de una puta. Me negué a complacerlo y esa noche me dio una cachetada prohibiéndome que tuviera contacto con mi familia y amigos porque si hablaba vería de lo que era capaz de hacer, mientras él dormía me dejaba una lista de tareas y yo las cumplía”, aseveró.

“Había que comprar para su negocio, limpiar el local, dejar impecable el baño y elaborar lo que fuera necesario para que él pudiera vender como sándwiches y cosas dulces, que es lo que yo sabía hacer, y que inmediatamente volviera a mi casa para dejarla impecable y esperar a la madrugada para que cuando él me avisara me levante a cocinar, ya que no comía comida recalentada. Llegaba  a las 5 de la mañana y la comida tenía que estar servida y caliente,, con una sonrisa, y escuchar sus hazañas en el gimnasio, si no lo hacía, me revoleaba el plato con la comida al piso y lo tenía que limpiar. Prometí callar por miedo y por vergüenza”, agregó la mujer.

“Cuando llegaba en estado de ebriedad, me obligaba a tener relaciones sexuales y que si no lo hacía me iba a matar, que iba a terminar flotando en  algún río, que él no perdía nada, al contrario que le hacía un bien a la sociedad, porque los excrementos humanos como yo que no tenían donde caerse muerta no tenían que existir. Cada vez fue más seguido, y después se tornó cotidiano. Nacieron mis hijos  y trataba de actuar que estaba todo bien  porque me amenazaba que si mis hijos me veían llorar o reclamar algo la pasaría peor”, afirmó.

Después de 6 años de matrimonio, cuando la víctima juntó el coraje de decirle que no podía seguir a su lado, el hombre le propinó un golpe a la altura del mentón y la agarró del cuello desde atrás, con sus técnicas de jiujitsu y de peleas de jaula que practicaba diariamente. “Intenté gritar pero presionaba cada vez más fuerte y me insultaba. Por el ruido y gritos, se acercaron sus hermanos y yo pensé que  llegaron a socorrerme pero fue peor porque también comenzaron a denigrarme y a tratarme de ladrona. Juan Pablo me empujó y caí al piso y es ahí donde los hermanos me dieron patadas, mientras me decían 'cállate puta de mierda, quien te crees que sos, a nosotros nos conoce todo Salta'”.

La mujer pudo escapar del calvario y logró llevarse consigo a sus hijos. Radicó la denuncia correspondiente y acudió a su madre, quién nunca se imaginó las penurias de su hija porque de ella también se había distanciado. La causa siguió su curso con una abogada de oficio que acompañó a la víctima durante los primeros días. Las amenazas nunca cesaron e incluso, la hermana de los Thomas, también abogada, intentó hacerle firmar un escrito a la denunciante, para que desista de sus acusaciones y argumente que estaba desequilibrada emocionalmente. La causa estaba a punto de prescribir pero el juzgado parece haber actuado a tiempo y ahora esclarecerá la controversia entre la víctima y los hermanos Thomas.

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