Los verdaderos traidores de la patria

OPINIÓN 18 de diciembre de 2017
"El régimen quiso cambiar al pueblo y no pu¬do: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian como barbarie" (Arturo Jauretche)
cnn-macri-longobardi_00018

Los argentinos somos sometidos una y otra vez a situaciones en la que se desafía nuestra capacidad de asombro en forma cotidiana, somos expuestos a ejercitar diariamente nuestra paciencia, a la pérdida constante de los derechos adquiridos, a la expoliación económica, al temor de manifestarnos o expedir opinión (sin que eso nos cueste el trabajo, la libertad o hasta la vida) al insulto permanente a nuestra capacidad de observar la realidad que nos rodea. Cuando vemos que la situación económica y social no hace más que empeorar, los medios nos cuentan una realidad ficticia, pintada de un rosa meloso, tan rosa y tan meloso... que ofende y encoleriza a cualquier espectador con dos dedos de frente. Pero no termina ahí la cuestión, el poder político confabulado con los medios afines y el poder judicial, quieren reinventar el significado de las palabras. Y no es de hoy, ha ocurrido desde siempre. La derecha tiene dos términos dilectos para denigrar a los caudillos populares: corrupción y traición, han sido acusados de estos delitos desde San Martín hasta Cristina Fernández, pasando, por Juan Manuel de Rosas y Perón, quienes lejos de traicionar a la patria han practicado (en palabras y hechos) un fervor exacerbado hacia ella.

Lo inconcebible es que quienes señalan con el dedo acusador, son justamente los que han ejercido esos crímenes desde nuestros orígenes.

Mariquita Sánchez de Thompson, asociada con la elite patriota, se mostró maravillada en ocasión de las invasiones inglesas a Buenos Aires, “...porque habían traído los jabones de olor...” Los oficiales ingleses fueron alojados en casas de principales, donde recibieron un trato amistoso, mientras las mercaderías inglesas se agotaban en las tiendas. En 1810, se dejó de depender económicamente de España para pasar a depender de Inglaterra, detrás los intereses altruistas de muchos de nuestros patriotas, estaban sus intereses comerciales.

En 1809, Mariano Moreno redacta la Representación de los Hacendados, oponiéndose al Consulado y al Cabildo (que querían que Liniers mantuviese una política económica proteccionista) Entre los argumentos esgrimía: “... que el precio se regula como lo dice Adam Smith exclusivamente en la ley de oferta y demanda... lamentar que los extranjeros nos lleven la plata es lo mismo que lamentar que nos lleven los cueros, sebos... la plata es un fruto igual a los demás...” Es ingenuo pensar que la plata iba a fluir eternamente de las minas de Potosí. En la misma línea, hoy el gobierno nacional no cobra retenciones a las megamineras internacionales.

Rivadavia nos introdujo en el sometimiento extranjero a través de la primera deuda externa, sus sucesores contemporáneos celebraron un acuerdo vergonzoso con los fondos buitres, mientras nos endeudaron en tiempo récord, a nosotros, a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos.

La vergonzosa guerra del Paraguay, en la que aplastamos a un país hermano por intereses que no eran los de nuestra Patria. El pacto Roca-Rucinman, en el que nos representó el hijo de Julio Roca, el mismo que sostuvo: "la Argentina forma parte virtualmente del Imperio Británico". El padre sometió a los indios (asesinándolos y esclavizándolos) para que los grandes terratenientes expandieran sus dominios, el hijo sometió nuestra economía para que la misma oligarquía ganadera aumente sus ganancias.

¿Privilegiar los intereses mezquinos al crecimiento y grandeza de la patria, no es traicionarla? Todos los gobiernos liberales no han hecho otra cosa que vendernos al mejor postor una y otra vez, mientras escribían una historia mentirosa, en la que eran los héroes.

Hoy para defender latifundios de los extranjeros dueños de la Patagonia, se hostiga encarcela y asesina a los mapuches; tal como hizo hace 100 años Menéndez (antecesor de Marquitos Peña Braun) cuando era el rey de la Patagonia y exterminó a los selk’nam.

Hace 20 años, en nuestro norte se han entregado tierras fiscales a particulares (léase los Macri, los Peña Braun, los Olmedo, etc.) que desalojan a los pobladores, para convertir las yungas en campos de soja y cambiar biodiversidad por un desierto sembrado con una nube apestosa de glifosato.

Si todos estos actos no son formas de traición a la patria, yo no entiendo nada.

Nuestros ilustres de los ‘80, que poblaron con sus nombres y rostros, las calles, plazas y billetes, admirando a Europa y negando nuestra identidad, los que sostenían que "el mal que aqueja a la Ar­gentina es la extensión" (que tienen su versión contemporánea en nuestro presidente, que dice que no importa la soberanía en un país tan extenso) los que cuando hacen negocios aquí, se llevan la plata a cuentas off shore, los funcionarios que usan la estructura y recursos del estado, para su provecho personal, los que se prenden en la timba financiera quebrando al país, una y otra vez, para ganar más y más, a costa de los niños que hace rato olvidaron el sabor de la leche y de la carne, del viejo que no tiene acceso a una salud digna, a costa de las esperanzas perdidas de miles... los que nos piden paciencia para vislumbrar a luz al final del túnel, mientras nos ajustan más y más, mintiendo la teoría de un derrame del que no cae jamás ni una gota hacia abajo. Todos ellos, que curiosamente traicionan a la patria y a todo lo que ésta representa, no son jamás acusados, ni señalados con el dedo.

"La patria es el otro", dijo Néstor Kirchner, mientras levantaba la nación de sus cenizas. Cuando murió, los que habían originado el desastre que el kirchnerismo estaba componiendo, festejaron con salva de bombas y grandes asados. Eran los descendientes de los que pintaron viva el cáncer cuando murió Evita, y brindaron con champagne para celebrar, mientras en las cocinas, en los suburbios y en las fábricas, la lloraban sus descamisados. Fueron los mismos que bombardearon plaza de Mayo para derrocar a Perón y desaparecieron 30 mil compatriotas para imponer un plan económico igualito al de hoy.

En la argentina de Cambiemos nos ajustan y reprimen, se prohíben recitales de rock y cualquier espectáculo que cuestione el proceder de quienes nos gobiernan; aumenta la pobreza junto con la deuda externa, los presos políticos, junto con las listas negras de periodistas; se pierden puestos de trabajo y derechos, y el gobierno de Buenos Aires divulga un 0800 para denunciar ciudadanos.

Cualquier semejanza con épocas ya vividas, por supuesto, no es ninguna casualidad. Son los verdaderos traidores de la patria, haciendo lo que hicieron durante nuestros 200 años de historia.

 

 

María Eugenia López Morillo        

mail:  [email protected]

Te puede interesar