La guerra del cerdo

OPINIÓN 09 de diciembre de 2017
"Hay una palabra -se dijo- una palabra. Estaba demasiado cansado para dar con ella, pero por fin la encontró: Vejación. Qué vejación -pensó- Lo razonable, lo que se espera es que uno se deje vejar. Si es viejo, se entiende…" (Diario de la guerra del cerdo. Adolfo Bioy Casares)
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Como los jóvenes desalmados e impetuosos de la novela de Bioy Casares, el gobierno parece decidido a ultimar a los jubilados, quitándoles prestaciones, aumentando su edad jubilatoria y ahora, reduciendo drásticamente sus haberes.

Cambiemos en esta ocasión, no vacila en inmolar a su gallina de los huevos de oro, ya que es precisamente en esa franja etaria donde se encuentra la mayor cantidad de sus votantes. Los adultos mayores (específicamente los que están entre los 56 y los 75 años) le otorgaron el 47% de sus votos en las elecciones del 2015, quizás seducidos por las promesas de campaña que auguraban una mejora sustancial en sus haberes.

Mientras en el Senado se daba el visto bueno a la reforma jubilatoria, afuera 300 mil personas se manifestaban en contra de las políticas de ajuste que está implementando el gobierno. Un sector del sindicalismo marcó la movilización como el inicio de una nueva etapa. Las redes sociales hicieron eco a través de las consignas  #NoesReformaEsAjuste y #FrenarelSaqueo.

Es importante entender, que las reformas planteadas son parte de un paquete: el pacto fiscal (que plantea una nueva distribución entre las provincias y la nación), la reforma previsional (el ajuste a los jubilados) la reforma laboral ( el ajuste a los trabajadores) y la reforma tributaria (perdón impositiva para las grandes empresas) Es, en definitiva, más de lo mismo, se trata de la transferencia lisa y llana de recursos de sectores vulnerables hacia los que están en la cúspide de la pirámide social.

"Esta ley es el principio del unicato, la destrucción del sistema federal argentino, es un nuevo convenio en el cual los gobernadores se comprometen a obligar a sus legisladores a sacar una serie de normas renunciando a las autonomías provinciales. Son un conglomerado económico que se ha distribuido las distintas áreas del estado y funcionan sobre ellas como jefes de estancia" (Marcelo Fuentes, Senador del FPV)

17 millones de personas (jubilados, pensionados y beneficiarios de prestaciones sociales como la AUH, entre otras) recibirán en marzo próximo un ajuste trimestral que será inferior al aumento semestral que correspondería con la fórmula que todavía rige. Con este ajuste, el gobierno mata dos pájaros de un tiro: genera un ahorro fiscal del orden de los $100.000 millones al año y además cumple con una de las exigencias del Fondo Monetario Internacional: un cambio en la fórmula de la indexación del sistema previsional, sugiriendo que se la ate a los aumentos inflacionarios para reducirla. Sabemos que el FMI tiene entre sus demandas la reducción del gasto público. A través del tiempo, ha sido una constante histórica en nuestro país, que los gobiernos neoliberales han reincidido en denigrar los haberes jubilatorios. Sucedió con las medidas económicas que acompañaron el golpe del '76, ocurrió durante el menemismo (en que los jubilados llegaron a ganar U$S 150), en el gobierno de De la Rua (les quito el 12% a través de un decreto) y sucede ahora. Pareciera que los precursores de estas políticas disfrutaran quitando derechos a los más vulnerables.

Durante el kirchnerismo, se pudieron jubilar muchas personas que no contaban con los aportes, porque habían trabajado en negro toda su vida, o porque lo habían hecho dentro de las paredes de su hogar, y pudieron acceder a la jubilación de ama de casa, además se recuperó el valor de los haberes y se fijaron 2 aumentos anuales.

La reforma que encaró el Ejecutivo ahora es anticonstitucional, ya que la aplicación retroactiva de la fórmula vulnera los derechos a la movilidad jubilatoria y de propiedad (art. 14 bis y 17 de la Constitución). El Estado tiene la obligación de asegurar la autonomía económica y financiera del sistema previsional, además de contribuir a su financiación.

La fórmula de movilidad entre 2009 y 2017, arrojó un aumento de las jubilaciones del 20% por encima de la inflación. Según la indexación actual, los jubilados en Marzo tendrían un aumento del 12% ($8.115), según la nueva fórmula sería sólo del 5% ($ 7.659). Parece ser que también les habían hecho creer la fantasía de que después de aportar toda su vida cobrarían salarios dignos, demagogia de los gobiernos populistas, el pro dixit, por suerte están ellos ahora, para colocar cada cosa en su justo lugar: los grandes negociados para la timba financiera, los beneficios impositivos para los dueños de todo, y los ajustes para todos los demás. Es que, como lo anunció Gabriela Michetti, el problema es que "siempre estamos del lado que no tenemos que estar", es sólo una cuestión de ubicación y todo se soluciona. Ellos no han titubeado, ni perdido el rumbo ni por un instante, con sus políticas, marcan en forma contundente y sostenida de qué lado están.

"Hubo 34 años de despilfarro", sostiene la vicepresidenta que parece añorar las botas, y aduce que "no se puede ganar lo que decía la fórmula anterior". Es que "el sí se puede" de campaña parece estar sólo al alcance de un sector, al que ellos vinieron a beneficiar: se pueden quitar las retenciones a la soja (8 mil millones de dólares), se puede eximir de impuestos a las megamineras internacionales, se pueden quitar los impuestos al champagne y a los autos de lujo... y así sigue la lista de todo lo que el gobierno se niega a percibir para ajustar luego a los sectores más vulnerables, cuando las cuentas no le cierran.

El país atado a una dolorosa dependencia extranjera, corre la misma suerte que gran parte de los hogares argentinos, que empiezan a endeudarse para llegar a fin de mes. Se somete al pueblo sin prisa, pero sin pausa, a una vejación tras otra, mientras se les cuenta desde los medios afines que se está en el camino correcto y se apela a su altruismo y patriotismo para someterlo día a día, a peores condiciones.

Este es el panorama, mientras el diputado oficialista Pablo Tonelli sostiene que "los jubilados van a perder plata pero no poder adquisitivo", yo le pregunto si el cajero del supermercado, o el farmacéutico, cuando la plata no les alcance a los abuelos, recibirán esa explicación como medio de pago.

Mientras las fiestas se acercan y todo empuja a un consumo que es cada vez más prohibitivo para la mayoría de la sociedad, escucho que de aprobarse en Diputados el ajuste jubilatorio, se instrumentaría antes de fin de año.

Sí, se acercan las fiestas, y, dadas las circunstancias, no puedo más que preguntarme ¿qué es lo que los argentinos tenemos que festejar?

 

María Eugenia López Morillo        

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