El sur, un escenario desafiante para la paz

OPINIÓN 04 de diciembre de 2017
El Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano y premio Nobel de la Paz de 1989, en una visita a Alemania pronuncio un discurso ante 7.000 seguidores en Hamburgo y dijo: “Todos los días veo en la televisión imágenes horribles de hermanos y hermanas matándose mutuamente. Debemos hacer algo contra eso",.
MAPUCHES - incidentes en la catedral Nahuel Huapi 002

Allí repasó conceptos como valores humanos, compasión, no violencia, tolerancia y perdón. "La violencia sólo trae violencia", dijo al recordar que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 recomendó al entonces presidente estadounidense George W. Bush no responder por medios bélicos a los ataques.

Hablamos hoy de una espiral de violencia a escala mundial, al punto que el Papa Francisco habla de una tercera guerra mundial no convencional, ya presente. Esta guerra tiene muchos rostros y muchas motivaciones, gobiernos de personalidades fuertes e intolerantes, que les interesa mantener el poder por el poder mismo, más allá de las necesidades básicas y vitales de sus pueblos, verdaderas tiranías que dañan el necesario equilibrio para la paz regional o mundial. Otras tienen el justificativo de la religión, como es el caso de los radicalismos islámicos, donde el extremismo amenaza la paz mundial en general y a las comunidades cristianas y judías en particular, sin perdonar ni siquiera a los numerosos musulmanes moderados.

 El Comité Apostólico para las Relaciones Religiosas con los Judíos y los representantes  de los rabinatos en Roma, condenaron los  actos de violencia, conflicto, secuestros, ataques terroristas, asesinatos y destrucción" llevados a cabo por grupos que actúan "invocando el nombre de la religión o al propio Dios". La comisión bilateral reiteró su repudio a "la instrumentalización de la religión con fines violentos y reafirmó la "obligación" de "preservar la santidad y la dignidad de la vida humana". La religión debe ser parte de la solución y no parte del problema.

La amenaza del terrorismo islámico es una de las más acuciantes de nuestro tiempo, al punto que el gran desafío del siglo XXI será lograr que el Islam encuentre su lugar para integrarse a una sociedad plural y moderna.

La violencia genera más violencia y provoca una espiral imparable de conflictos, acarreando la muerte, el hambre, las injusticias, sacando a la luz nuestros peores sentimientos.

En nuestra región hemos asistido a un acto de violencia nuevo en el país y para este siglo, violencia contra un templo católico, una protesta violenta en una celebración religiosa en Bariloche. Un grupo de mujeres mapuches, acompañadas de integrantes de las llamadas organizaciones sociales, protagonizó incidentes en la catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, de la diócesis de San Carlos de Bariloche. Allí, los manifestantes irrumpieron pidiendo justicia durante la misa, y rompieron bancos e imágenes y cuadros del templo, donde, ni siquiera la intervención del sacerdote logró calmar los airados ánimos de los manifestantes.

No quisiera dejar pasar por alto este incidente. La iglesia de Bariloche emitió un comunicado desde el obispado haciendo un llamamiento al diálogo para superar las diferencias que dañan la convivencia armónica de la comunidad. Este conflicto dejó como saldo la muerte de un joven y varios heridos de bala. El comunicado episcopal habla de tender puentes de diálogo y se solidariza con la familia del joven fallecido y de los heridos.

No emitiré juicio si fue defensa o represión, pero cualquier indicio de violencia nos coloca frente a un escenario altamente preocupante, toda vez que estos enfrentamientos no son nuevos en la región sur del continente, más allá de las fronteras nacionales. Entre el año pasado y este año hubo una serie de ataques a templos católicos y evangélicos en el sur de Chile, más de diez templos, destrozos e incendios, no improvisados y siempre en la madrugada, reivindicados por la RAM, Resistencia Ancestral Mapuche. La iglesia en Chile habló de actos terroristas, la iglesia en Argentina llamó a tender puentes de diálogo. El camino de la violencia no conduce a ningún otro lado más que a la violencia. Pero estamos frente a un nuevo escenario de movimientos que no reconocen la existencia del Estado y sus leyes, porque su reclamo es considerado ancestral, anterior al nacimiento de las naciones de Chile y Argentina, reclamando la propiedad de toda la región. Son actores nuevos y formas nuevas de reclamo que representan un gran desafío para las autoridades de cada país.

Frente a los variados conflictos religiosos, étnicos, de propiedades de la tierra y los recursos naturales, nuestro país asiste a una incipiente y desafiante mecha de conflictos que pueden encenderse más aún.

Aunque se pretenda disfrazarlos de lucha social pueden terminar en una verdadera escalada de violencia.

Diálogo, respeto a la propia nación, sujeción a la ley. Pero por sobre todo una mirada humana y humanizante sobre el otro.

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