MARTIN MISA: “El jazz es un lenguaje universal de la música”

CULTURA 07 de marzo de 2018 Por L.M.
En la cuna de aquellas zambas que se enredan entre pañuelos y ponchos, parecería una osadía abrazar otros colores en la música. No obstante, y de a pequeños pasos, Salta comienza a tomar un carácter cosmopolita, en donde confluyen miradas interesantes y enriquecedoras. Una de esas, es la de Martín Misa, que vino para formar parte de la Orquesta Sinfónica, y hoy además forma parte del trío Pulpo, al que se podrá escuchar este sábado. Misa habló largo y tendido con El Expreso.
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1 / 2 - Martín Misa, en la batería, y su propuesta de "jazz federal".

Este fin de semana, Martín Misa, junto a dos artistas de la escena nacional, que conforman el trío Pulpo, estarán presentando en El Teatrino, su primer álbum  realizado íntegramente en Salta.

El Expreso dialogó con el percusionista y referente de la banda, sobre su trayectoria, lo que se viene y sobre “su viaje musical”.

-¿Cuál es tu primer recuerdo con la música?
-Mi primer contacto fue con el rock, pero  estudié en el conservatorio de música clásica.  Comencé con la orquesta juvenil de Quilmes, ahí vieron condiciones en mí, y me dijeron que podía estudiar esa  carrera, que era  tan digna como cualquiera, la seguí y la disfruté.

-¿Te enamoraste al toque  de Salta?
-Totalmente, vine de casualidad a unas pruebas para la Orquesta Sinfónica, las cosas se fueron dando  y me quedé. Así, fui curtiendo la ciudad y haciéndome parte de ella.

-¿Lo que más atrapa a los artistas es la noche?
-Lo que más me gustó fue la noche. Ahí fui conociendo gente de otros circuitos, por fuera de los de la orquesta.

-¿Ese circuito es ameno?

-Hay de todo como en toda ciudad: gente que es muy copada y te abre las puertas de su casa y de su corazón, y hay gente que no, y que siente que ‘el que viene, viene a invadir’, y eso también lo pagué. Hoy ya estoy instalado, tengo una hija salteña, y armé mi grupo de jazz.

-¿Antes no tenías contacto con este género musical?

-Sí tenía, pero como vengo de una formación clásica, en conservatorio, comencé a interiorizarme más y vi un camino, más allá del estilo. Para cuando empezamos a armar el festival (de jazz) sentí que ese era mi objetivo.

-Pero la movida del jazz en Salta no es algo nuevo.

-Hay una generación anterior a la mía, que son de aquí (de Salta) que fueron los que empezaron como los de Niebla, el “Chinato” Torres, “el flaco” Echazú. Hoy se nota un concepto que va más allá de todo, y es  lo que nosotros le decimos “el viaje”, y tiene que ver con esa apuesta por amor al arte, donde se trata de creer en lo que haces: el decirle a los pibes que crean en lo que hacen. Hay pibes con una edad promedio de 26 años que me dicen que antes del primer festival, no sabían lo que era el jazz, y hoy están tocando: “aquí no hay estrellas, hay que poner huevo”.

-¿Y qué encontrás allí?

-Lo que me gusta del jazz, es que se trata de un lenguaje universal de la música. Ya  no es el mismo que el de los años 50 en Estados Unidos: si escuchás el jazz argentino hoy, tiene un nivel inmenso con raíces en el tango, el folclore y el rock, al igual que las raíces que puede tener en Centro América y Europa: cada lugar le va poniendo su tónica. Es música libre, así lo definiría.

-El camino de elegir tu propio camino es cuesta arriba.

-El arte es cuesta arriba; y en ese sentido un concepto que tratamos de inculcarle a los pibes es el de la autogestión. Son la nueva generación estamos subidos al mismos barco; y sé que ése es el camino

-¿Cuál fue la sensación que te dejó el primer festival?

-El primero nació como un proyecto que tuvo  un muy buen feed back. Le apostamos a “no tribunear”, a la música fresca, a la diversidad para poder crecer. Éramos un equipo muy chico y le pusimos mucho amor y funcionó muy bien. La verdad que ni en pedo me esperaba todo lo que pasó: es como una semilla, y siento que vamos cosechando los frutos... y ojo! Que cuando digo vamos, no lo digo por los organizadores, sino por lo que vamos construyendo como sociedad.

-¿Y el último ciclo?

-Sentí que fue en el que más me afiancé, a pesar de estábamos más en bolas estábamos, porque no contábamos con los mismos presupuestos. Entonces lo hicimos con Lucas Urtasun, y la colaboración de un millón de amigos. De este último festival me emocionaron dos cosas: primero ver tantos chicos poniendo  todo de sí, y lo otro, es que la gente tomó como propio el festival.

-Suena fuerte que digas que en Salta, que es la cuna del folclore, la gente se apropió de un género como el jazz.

-Súper fuerte, pero la música es universal, no pienso que tenga fronteras. La idiosincrasia no pasa por llevar un poncho, Salta es una ciudad cada vez más grande, pasan muchas cosas, y en la diversidad está la cuestión.

-¿Hubo algún momento en el que quisiste tirar todo?

-Puede ser, me peleé con muchos artistas locales, y sin embargo habían artistas grosos que en paralelo me animaban a seguir. Hasta el más groso sabe que esto es por amor, que no viene un Ministerio para destinar mucho dinero a la música libre, sabemos que no sucede en ningún lado.

-¿Te gusta el folclore?

-Me encanta, pero a la vez lo veo súper bastardeado. Hay pibes que tocan impresionante, pero que no pueden entrar en el circuito, que es comercial y poco genuino.

-¿A qué te referís con bastardeo?

-Hay un bastardeo en la gente poco conocida: ves a  los pibes viajando en una combi mal, comiendo mal, mal pagados y llega “el capo” con otras condiciones, y me pregunto si ésa es la tradición, y si los que dicen que primero es el folclore, hacen algo realmente. Me parece que hay que soltar los estandartes que no son reales, y de verdad hacer algo.

-¿Eso incluye a la mujer en la música?

-Salta es machista, y cuesta. Al principio había muchas cantantes, y ahora hay cada vez más instrumentistas. Hay lugares donde todavía las mujeres no tienen lugar, y esto siempre lo hablo con una amiga que adoro, que es Mariana Carrizo, y que en algún momento la pasó realmente mal cuando la “borraron” en la Serenata a Cafayate.

-En Salta, de unos años a esta parte   se fue consolidando la imagen de la Sinfónica

-Costó y cuesta, pero  la orquesta es que es joven y tiene compromiso, y es lo que banco. Hay un costado que la gente no ve, y  cree que salimos a tocar y nada más, pero somos 90 personas,  con un nivel impresionante con la posibilidad increíble de  acercar a la gente, aquella  música que siempre fue considerada elitista.

-¿Tanto?

-Recontra. Hay lugares en el Colón donde hoy,  no podés entrar si no es de gala, pero aquí es gratis: si querés te ponés el traje, o vas en ojotas y bermudas. Tocamos en todos los barrios y en los pueblos aunque ahora no lo hacemos tanto por falta de presupuesto.

-¿Qué vamos a encontrar el sábado?

-Somos tres amigos: Fernando “Fefe” Botti (de Buenos Aires) en contrabajo y en guitarra, Nicolás Mu Sánchez (de Santa Fe). Nos conocemos y tocamos   hace más de 20 años, y tenemos una conexión que se nota. El álbum se grabó en Salta, y  combina elementos del rock y otros estilos libres. Es una propuesta de jazz federal.

-¿Te imaginaste estar aquí?

-Nunca, ni un minuto, pero hoy poder vivir de la música es increíble.

-¿Es un privilegio?

-La verdad es que si, por cómo están las cosas instauradas en nuestra sociedad. No debería serlo, pero el laburo del artista está poco valorado. Para mí el arte es tan necesario como elemental, pero estamos en un país en donde faltan tantas cosas, que siempre es el arte donde se recorta.

-¿Sos la persona que siempre quisiste ser?

-Sí, y estoy contento con esto. Tengo 42 y tengo amigos de mi edad, que siguieron el mandato y no son felices, y no pueden patear el tacho. Me banqué un montón de cosas para tener una vida digna y con eso estoy feliz.

-¿El siguiente paso?

-Que haya una cuestión más federal con el arte, y  mirá que  Nación tuvo un momento, pero bueno, ahora no es ese  el momento”. (risas).

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