Esto genera el odio y la xenofobia

OPINIÓN 28 de febrero de 2018 Por Oscar Burgos Zambrano
Mientras los medios siguen con la cantinela del cobro por la atención hospitalaria a los extranjeros, provocado por quiénes instalan que la culpa es del otro, cuando no pueden resolver un problema, empiezan a verse algunas consecuencias lamentables de quienes son víctimas de un discurso xenófobo y discriminatorio. No ocurrió en ningún país asiático ni africano, sino en Salta La Linda, en la sede del PAMI en calle Caseros al 600.
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Sede el PAMI en calle Caseros al 600, en Salta Capital.

Miércoles al mediodía, la gente va y viene, apretujones, como siempre en las oficinas de una institución gubernamental que debe ser esencialmente solidaria como el PAMI. Ante uno de los mostradores, una señora de tez morena, bajita, un tanto gordita, se apresta a recibir unas cajas de medicamentos, seguramente gestionados ante la obra social nacional. La señora que la atiende empieza a explicarle leyendo un listado, cuáles son los medicamentos que le está proveyendo el estado.

Atenta, la señora escucha y va poniendo dentro de una bolsita de plástico cada caja que le da la empleada del PAMI, y de pronto ese incesante movimiento que parece normal y estresante a la vez, se detiene cuando un hombre se arrima violentamente a la señora y con el argumento de “¡boliviana de mierda, vos te estás llevando nuestros medicamentos!”, le asesta una trompada que impacta en el pecho de la mujer tirándola contra el mostrador. Alguien grita ¡policía, policía!, otros tratan de agarrar al iracundo que enfurecido mira para todos lados, fuera de sí, hasta que aparecen dos efectivos y lo sacan del lugar. No se supo si lo llevaron preso o sólo lo alejaron para que alguien no le devolviera la “gentileza”.

La mujer seguía sin comprender, alguien le alcanza las cajas de remedios que por el golpe habían ido a para al piso. La operaria pidió ayuda a sus compañeros que ya estaban con ella, sin explicación. La mujer seguía asustada como si la habrían asaltado. De verdad, esta vez la asaltó un brote de xenofobia. La mayor sorpresa fue cuando alguien le preguntó si era boliviana o si conocía al agresor, dijo que no. “Nací en Cachi, viví acá toda mi vida”, balbuceó. Trataron de calmarla para que se retire nomás con sus remedios que quizás le alivien los dolores, pero tenía miedo a ser atacada de nuevo.

El agresor tenía casi el mismo porte que cualquier salteño trabajador, hombre grande de edad pero vigoroso. ¿Y entonces, cómo es eso? Bueno, Gerardo Morales, el gobernador “jujeño” (salteño), también dijo ser nieto de bolivianos, para aliviar las críticas de actuar como xenófobo. Pero alguien ya se le anticipó y dejó un refrán que viene muy bien para entender por qué mucha gente pobre se suma a esta idea de atacar a los otros pobres: “no hay peor astilla que la del mismo palo”.

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