Cambiemos, la inflación y el dólar

NACIONALES 29 de diciembre de 2017 Por Claudio Yapura
La economista Eva Sacco (Universidad de Buenos Aires) explica en el llano las medidas económicas anunciadas ayer por el team comandado por Marcos Peña. ¿Qué significan estas "nuevas" medidas? y, ¿cómo afectan a la sociedad?
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El jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; y el ministro de Finanzas, Luis Caputo. (Telam/dpa)

Según los anuncios del equipo económico del Gobierno Nacional, la docente y economista Eva Sacco realizó una breve interpretación de los puntos más salientes. Fluctuación del precio dolar, balanza comercial nacional, perspectivas para el 2018 y cómo repercute en el bolsillo del vecino.

En los últimos días, el dólar paso de $17.5 a $18.6. Luego de haber logrado la aprobación del Presupuesto 2018, se anuncia un cambio en las metas de inflación propuestas para el 2018 (lo que implica que el presupuesto recién aprobado deja de tener valor), pasando de 10% a 15% para el año entrante. Terminada la conferencia de prensa el dólar se desbocó -y el BCRA lo dejó desbocar por omisión al no intervenir en el mercado- hasta alcanzar $19,45 al final de la cotización. 

Los últimos meses, recordemos, que una de las principales señales de atención sobre el modelo económico consistía en el abultado déficit de la Cuenta Corriente (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) financiada por el frenético ritmo de endeudamiento. La solución a este problema, desde la óptica económica del gobierno es la devaluación de la moneda (encarecer las importaciones). Otra posibilidad podría ser establecer algún grado de administración del comercio, por ejemplo, estableciendo un tipo de cambio de exportación y otro de importación con retenciones a las exportaciones. Esto queda claramente descartado de plano por razones más políticas que económicas en virtud de la alianza de clase gobernante. 

El gobierno, se encuentra preso de su propia trampa. Desde que asumió Cambiemos, la política antiinflacionaria del gobierno está basada en la denominada política de metas de inflación. Según esta teoría, mediante el manejo de la tasa de interés de referencia es posible manejarla de manera indirecta. Lejos de las ecuaciones monetaristas, la manera en que esto funciona, es que en el contexto de una economía abierta con tipo de cambio flexible, la entrada de capitales implica que el peso se aprecie frente al dólar abaratando las importaciones y funcionando como ancla de precio. Durante los últimos meses fue la quietud del dólar fue lo que calmó, al menos en parte la evolución de precios, acompañado por el crecimiento de la bomba del déficit en cuenta corriente. Y ni siquiera este mecanismo fue tan exitoso, ya que el 2017 finalizara con una inflación acumulada cercana al 24%, muy lejos del máximo del 17% previsto.

La decisión de devaluación fue lo que nos informaron ayer, de una manera elíptica y confusa, en el marco de una conferencia de prensa donde se postula el absurdo de que nos va tan bien que tienen que medirse con una bara más baja. Para entender esto, pensemos como lo lee el mercado: un relajamiento de la meta de inflación implica una disminución en la tasa de interés, por lo que va a haber menos dólares entrando y más dólares saliendo. Ya no es tanto negocio quedarse en pesos. De hecho, el movimiento del dólar de los últimos días puede atribuirse a los rumores y la información privilegiada que los amigos de la city manejaban al respecto. Sumado a esto, uno de los principios más importantes es que el BCRA se comprometa con una meta y su cumplimiento, lo que tiene efectos sobre las expectativas del mercado. El relajamiento de un 50% en la meta para el 2018, sumado a la pésima performance de 2017 es una herida mortal a la credibilidad del BCRA; piedra filosofal de los economistas ortodoxos. 

¿Qué podemos esperar de estos movimientos? Por el momento, esperar hasta dónde va a escalar el dólar o si el BCRA decide controlarlo. De la magnitud de la devaluación, depende en gran medida sus efectos. Sin lugar a dudas los alimentos, que están dolarizados y no tienen retenciones van a aumentar muchísimo. También los combustibles, que se liberalizaron hace pocos días y las tarifas tendrán importantes incrementos, traccionando a la inflación y la pobreza. El resultado final, dependerá de cómo reaccionen otros precios, en especial los salarios, en medio de un mercado de trabajo muy golpeado.


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